Al rey Iván le parecieron tan importantes las ideas de Isaac Newton que, después de leerlo, publicó un edicto obligando al pueblo a seguir con rigurosidad aquella ley de la gravedad. Entonces, para verificar el acato de la ley encargó a todos sus cobradores visitar cada casa los domingos haciendo las respectivas comprobaciones.
─Dígame Señora, ¿cuántas veces se ha caído esta semana? ─ Nos
preguntaban a todos los miembros de la familia.
Teníamos que decir “siete”, sino, nos empujaban tantas veces hiciera
falta para asegurar una caída por día en el balance semanal del palacio.
Daniel Posada
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