Si perder es ganar un poco, por principio de
equivalencia ganar un poco sería también perder, lo que nos lleva al sinsentido
de que, por donde se mire, se pierde al tiempo que se gana en todo aquello que
se asume como batalla o carrera. Entonces ¿cuál es el verdadero sentido de
nuestras batallas, de nuestras luchas?
¿Será
acaso el optimismo ─que se promueve como valor universal y obligatorio entre
los desfavorecidos y privilegiados─ un sedante que nos mantiene conformes a
costa de hacernos auto-manipular nuestra capacidad de percibir? o ¿estará en la
visión favorable y forzosa de toda crisis el mismo método para salir de ella?
¿Hacemos
encajar la realidad, ─sea cual sea su naturaleza─ en nuestras ideas, en
nuestros amaños solo para soportarla? ¿habrá quién viva el mundo y no su mundo?
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