Yo quisiera hablar con alguien que me ayude a educar este pesimismo, no a corregirlo, sino a darle fundamento, a engrosarlo como ideología y posición política; que un hermano o un amigo me abrace y me diga" tranquilo, mañana todo va a estar peor" y que juntos comprendamos que el hoy es el menos peor de los días posibles, que cada amanecer pensemos que el hoy recién nacido es menos peor que los próximos y que por eso gozamos de la ventaja de nunca estar en el mañana, que entendamos que el futuro merece ser abortado, que el pasado es una fosa común de hoyes que nunca fueron soñados porque desde lejos se veían desfavorables, que nos digamos pesimistas en la cara con orgullo y que nadie nos juzgue por no estar dentro de un optimismo estulto lleno de opio y alucinación, que vayamos acogiendo a más pesimistas que se sientan segregados, que los bajemos de allá de las cornisas de los precipicios, que los saquemos de allá debajo de sus ceños de amargura y que construyamos una bandera, "negra" si es posible, un "himno", breve si es posible, un día célebre, "hoy" si es posible, una palabra "acción" si es posible.
Jorge había sido el más devoto de su familia. Nadie se explicaba por qué, después de asistir a aquel partido entre Argentina e Inglaterra, había cambiado tan drásticamente la forma en que se echaba la bendición, siempre evitaba tocarse la frente, se saltaba la parte de “en el nombre del padre” y la seña de lo que fuera una cruz se le convertía en un T . El día en que su hermano, vencido por la curiosidad, le preguntó por qué lo hacía de tal manera, Jorge le contestó “después de ese partido creo que la mano de Dios esta demasiado cerca de la cabeza del hombre” Daniel Posada
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