Nuevamente estaba ante la disyuntiva de su vida, como no sabia cuál de los dos caminos escoger quiso dejarlo a la suerte. Pensó que si caía cara giraba a la derecha o si caía sello, a la izquierda; al lanzar cayó cara, pero se dijo que quizá le convenía más la derecha. Lanzó nuevamente, cayó sello; volvió a considerar si ese era el real mensaje que le quería dar la vida y lanzó una vez más: cayó cara pero nuevamente no le convenció, lanzó una y otra vez: cara, sello, sello...la moneda le leía el deseo, le bailaba al son de su inseguridad. Así fue que se quedó inmóvil en la carretera, en una eterna duda de centro.
Daniel Posada
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